Sábado con mi escort de Cabecera #retocandy (General)
Sábado con mi escort de Cabecera
En estos últimos 2 o tres años desde que han cerrado los legendarios lugares de esparcimiento y se ha aumentado el peligro en los antros que heroicamente quedan abiertos, me ha sido más difícil encontrar una chica que me agrade y que dé, a mi parecer, buen servicio. Me gustaba cazar e ir a buscar a la guapa que pudiera ver en persona y por la que sintiera cierta atracción, la cual fuera lo suficientemente fuerte para arriesgarme a conocerla y salir a fornicar lo más “hard” que se pudiera.
Lamentablemente ahora, al salir a buscar sitios por la noche, siento temor y sensación de paranoia y ya no suelo ir por el riesgo a que me ocurra algo o que la chica me toque con las más torcidas intensiones.
Por otro lado, he estado en algunos grupos y he tomado servicios con algunas de las recomendadas de esos espacios y de este foro, pero no siempre siento química o atracción hacia ellas cuando ya estamos en el encuentro. No he hablado al respecto debido a que sé que el problema es mío y no de ella. La verdad prefiero perder el arancel a que después pierda mi paz en amenazas y contratiempos.
Me agrada que las chicas tomen la iniciativa y no me pregunten qué hacer. Me agrada que me seduzcan, me poseen, me dominen y saquen lo más perverso de ellas y me hagan sentir muy bien.
Actualmente varias de las chicas de las redes sociales no he sentido mucha química. Simplemente no se da. No siento esa atracción. Comienzo a penetrar y de repente ya no hay conexión entre mi falo y el cerebro.
Sólo me quedo mirándolas, dándome cuenta de que no las siento atractivas.
Ha sido difícil porque me han llegado a preguntar si vengo drogado, si me "metí algo", si tengo problemas emocionales o mentales. Lo mismo de siempre desde mi adolescencia: parecer drogado sin estarlo o serlo.
La verdad es que me quedo analizándolas y tratando de explicarme qué pasó. Sinceramente a nadie le gusta que nos juzguen, que nos limiten dentro de lo acordado, nos sometan a un cruel juicio, nos hagan un oral horrible, de mala gana y encima te digan que eres raro, como si ellas estuvieran pagándole a uno.
Ahora entiendo por qué las leyendas de este foro tienen a sus chicas de cabecera.
Afortunadamente así conocí a una que se ha ganado mi preferencia entre los sitios de escorts de internet.
Su nombre es Vanessa, estuvo anunciada en twitter y en sexyservidoras poco tiempo, hizo su solicitud en baires pero desistió de la idea. Volviendo a ella, desde que la vi, sentí una gran atracción hacia ella, tan es así que tuve que esperar todo un fin semana para que se desocupara y poder concretar cita.
No he hablado de ella porque normalmente no hace oral o lo hace con condón, no suele hacer anal, no le gusta que la saturen de mensajes en su teléfono y prefiere ver a conocidos con los que tiene confianza.
Nos vimos dos o tres veces hace como 5 años, pasó lo del temblor y desapareció. Sentí como si hubieran cortado una parte de mí.
Estuve todo el 2018 buscándola en varios sitios de la ciudad y de internet y no encontré nada.
Afortunadamente, a principios de 2019 ella me contactó con un mensaje muy discreto promocionando una “casa de préstamos”.
Sentí tanta alegría que nos vimos inmediatamente. Así hemos repetido varias veces hasta el día de ayer, momento en el que se ubica este relato.
Concretamos cita e inician los reparativos para el encuentro para así hacer más fácil que me consienta y cumpla mis fetiches. Hago reservación en el lugar.
Nos quedamos de ver en el hotel Embassy. Tengo toda la colonia Roma para cruzar. Es realmente lúdico recorrerla pensando en que la veré y me hará sexo salvaje esta noche. Voy a la zapatería, escojo unas zapatillas de tacón alto para ella. Recorro las sex shops del lugar y le llevo unas medias de red. Paso a los licores y compro ese vodka que le encanta y la hace lamer delicioso todo mi cuerpo. Termino las compras con hielo, agua mineral, jugo de piña, botana, preservativos, los cigarros que le encantan y con los que le gusta posar fumando mentas la tengo a gatas.
Llego con calor y mucha motivación al recinto, dejo las cosas, preparo el jacuzzi. Me ducho, me visto, me perfumo, me recuesto en la cama y me pongo a escuchar la radio tomando un whiskey en lata y un vive 100 mientras monto guardia a que ella llegue. Ese es uno de los momentos de más nervios y de emoción: esperar y tratar de controlar las emociones hasta que ella se haga presente. Mi corazón palpita más fuerte. Siento mucha ansiedad y mi ritmo cardíaco se acelera. Me levanto. Camino de un lado a otro de la habitación, tomo un poco del licor, empiezo a tener cierta dificultad para respirar, me sudan las manos, no puedo pasar saliva con facilidad.
De repente, tocan a la puerta. Por reflejo instintivo, le abro.
¡Allí está!
La admiro con su cabellera negra, su hermosa sonrisa y carita de pícara. De inmediato percibo su olor corporal y su perfume que me cautivan. Me quedo perdido en sus ojitos con pupilentes grises que brillan esplendorosamente. Viene sin mucho glamur, con su atiendo incógnito de ropa de gimnasio que le hacen ver unas hermosas piernas en mallas. Su sudadera le cubre su atrayente trasero, que aun escondido, lo puedo acariciar, agasajando mis sentidos frotándolo. Me acerco a ella y nos abrazamos. Nos damos muchos besos y abrazos, se me pone la piel eriza.
La invito a sentarse, a dejar su bolsa. Nos tomamos una copa de vodka con jugo y hielos. Se le quita el calor, se descalza los tenis y recorre mi entrepierna con sus pies, es delicioso...
Nos calmamos un poco y se mete a la ducha para refrescarse y cambiarse. La veo entre el cristal y no lo puedo creer. ¡Ya está aquí! El vapor hace que su silueta se pierda, que su piel se torne brillosa y rosada. Me provoca gran erección verla frotar sus senos y el centro de su feminidad. Mi trusa se hace agua.
Termina de bañarse. Me pide que le lleve la bolsa para ponerse el atuendo de ejecutiva que le pedí. La ayudo a llegar al tocador cuidando que no se resbale, le doy las medias y las zapatillas que le llevo en los encuentros. Esa emoción de querérselos probar me indica que le gustaron. Se quita la toalla y me da un beso largo. Me respira cálida y suavemente en el cuello y me siento derretir.
Ella cierra la puerta del tocador y me pide que la espere. Vuelvo a sentir esa desesperación de poseerla ya, de clavarle mi falo en su vagina, pero sé que la espera tiene muy buena recompensa.
Sale hermosa con traje sastre negro, liguero, medias de red y las zapatillas de plataforma que le llevé.
¡Se ve hermosa!
Las piernas y las pantorrillas me hacen no dejar de verla.
Le pido una sesión de fotos así, me solicita no retratar su cara. Así lo hago y dejo de medir el tiempo deleitándome y tomándole fotos provocadoras, con esas piernas que me excitan, por debajo de la falda, bajándose la tanga y dejando el tremendo derriere a la vista con el sensual liguero. Me fascina cómo se ven las pantorrillas y los tacones.
Nos damos caricias muy candentes por un buen rato y nos sentamos a beber y a platicar.
Después de ponernos al día, de manosearla, de tenerla sentada sobre mí, acariciar su caderas, tomar fotos de sus piernas y de beber tres vodkas, ella se pone muy cachonda y se sube la falda, se quita el saco, la blusa y se queda en brasier. Se pone frente a mí, me besa, me pide que me pare, me quita la ropa, los zapatos y me deja en trusa, me besa los pezones lascivamente.
Allí ambos nos volvemos a sentar y ella roza sus tacones con mi entrepierna, enciende un cigarro, se masturba, se quita una zapatilla, me la da para que la huela mientras me acaricia con las medias y la zapatilla del otro pie. Es una sensación deliciosa. El alcohol hace que sienta que exhalo fuego por la boca. La habitación se empieza a llenar del olor del cigarro, de la tenue piel nueva de sus tacones y al perfume de ella.
Me pide que me quite la trusa, se la doy y se la mete por unos momentos a la boca, la llena de saliva se frota con ella los genitales y después se fuma el cigarro, me pide que empiece a grabar. Inmediatamente lo hago. Ella se toca y empieza a gemir. Ahora bombea mi falo con los dos tacones y hace que los rombos de las medias rocen mi glande. Es una sensación tan placentera... Es justo lo que siempre he necesitado.
Me dice que le quite la panty, le pido que la escupa, me la pongo en el cuello y comienzo a dedearla mientras ellas se moja más. Chupo sus senos y noto que su piel se estremece y eriza. Dejo la cámara en la mesa, enfocando su sexo.
Así sentada le quito las zapatillas y lamo la planta de los pies lentamente, le chupo despacio los dedos, recorro con mis manos cada centímetro de las medias y sus piernas. Es una lujuria desbordante y un grato placer sentir los rombitos rozando mis yemas y palma.
Llego a su sexo, me hinco, la nalgueo… ella gime e inhala su cigarro más fuerte y lo deja. Se toma otro trago de vodka.
Comienzo a lamer toda su vulva. Está hipermojada. Le quito un tacón y rozo con la punta de este, los labios de su vulva. Sonríe y se muerde los labios. Le vuelvo a colocar los tacones.
Le saboreo vehementemente la vulva y la empiezo a penetrar con mis dedos tallando su punto g.
Empieza gemir más fuerte, se encorva un poco, pone sus piernas sobre mí, tallando el talón de sus zapatillas con mi espalda.
La sigo chupando y penetrando. Se empieza a poner muy roja de la cara, me aprisiona el cuello con sus piernas como si quisiera ahorcarme, rozo su pezón mientas con la otra mano la penetro y la lengüeteo más fuerte. Me centro en sus labios mayores y clítoris. De repente ella grita más fuerte.
Me pongo salvaje con sus gritos. Rocía un poco más de lubricante y se viene desbordadamente.
¡Mojó todo el sillón!
Fue muy excitante ver cómo la hacía venir. El video fue testigo de todo.
Se reincorpora. Bebemos más vodka. Se monta sobre mí en el sillón. Me susurra al odio:
-Eres fabuloso, me hiciste venir bien rico. Ahora te toca sentir la muerte chiquita, amor.
Me lame poco a poco el pecho, me da besos muy suaves provocando mis sentidos. Siento que hiervo. Se introduce un hielo en la boca y frota muy despacio mis pezones. El rico y tenue olor de vodka en sus labios y la ligera dilatación de sus pupilas me hacen saber que mi dama ya está en el punto exacto de desenfreno, alcohol y pasión. Siento que voy a explotar. Me besa las tetillas poco a poco y después me ataca por todo el cuello.
Se hinca y comienza a mamarme, me pone un condón. Me escupe vodka en el falo y sigue chupándolo.
- Me encantan tus huevos peloncitos. Así los siento más rico en mi boca.
Ver juguetear lentamente su viciosa lengua y sensuales labios sobre mis gemelos y escroto es un espectáculo enardecedor para mis sentidos. No me puedo contener y empiezo a jadear. Continúa dándome besos y lengüetazos muy pausadamente. No puedo resistirme a esa boquita y a esos ojos que se cierran y abren al recorrer mi miembro.
Restriega su barbilla y lengua en mis gemelos y me hace sentir venirme.
Viendo que estoy a punto de terminar se acuesta en el piso, se pone a fumar y me vuelve a masturbar con sus tacones. Lo hace tan rico...
Se reincorpora. tomamos más vodka y vamos a la cama, hacemos un rico 69. Sus jugos tienen un sabor dulce como granitos de maíz y cuando está más excitada sabe como a rico atún.
¡Me pone loco el aroma de su sexo!
Ella fumaba, me mamaba y chupaba toda mi entrepierna, lo hacía con un gusto que me excitaba y me dejaba sin habla. Con su boca coqueta me exhalaba su rico aliento hacia todos mis poros.
- ¿Te gusta lamer mi miembro, amor?
- Me gusta, me gustas más tu. Sabes muy rico. Te quiero comer todo.
Esto decía ella mientras hacía unas caras que derrochaban lujuria y perversión extenuante, emanando lengüetazos y escupitajos a mi miembro.
Ya no pude más y la puse sobre mí. Comenzó a montarse como si quisiera matarme de un paro cardiaco, como si tuviera ganas fracturar mi miembro. ¡Es una desquiciada! Así me estuvo cabalgando un buen rato.
Al ver, sentir y oler esa escena, noté que me iba a venir. Le pedí patitas al hombro.
Allí bombeé más fuerte y lamía su empeine y medias. Mordía suavemente sus pantorrillas, no pude más y solicité venirme en los tacones.
Pone sus piernas más abajo, me masturba. Le tomo un poco más a mi bebida y de repente, sentí un placer inmenso. Me quito el condón y veo que mi semen empezaba a brotar y a cromar las zapatillas de mi hembra. Era una escena y sensación indescriptible. Sentí que mi alma salía de mí, sentía placer, una paz y unos temblores tan intensos. Sentí desvanecerme.
Nos acostamos y abrazamos por un momento. Nos acariciamos tiernamente y paramos a comer un poco de botana.
Nos lavamos la boca y nos metimos a enjuagarnos.
Empezamos a sentirnos ebrios y con el vapor se nos subió un poco más. Nos dimos un faje muy rico como su fuéramos una pareja de enamorados. Le tallé todo el cuerpo y ella mi espalda.
No pudimos más y nos fuimos al jacuzzi. Preparamos otras bebidas. Platicamos como si nos conociéramos por mucho tiempo. Comenzamos a ponernos intensos. Ella me ahorcaba en abrazos y besos. Se volvían más descontrolados. Me jalaba los vellos de mi pecho y me mordía los lóbulos de las orejas. Estuvimos revolcándonos apasionadamente en el agua, ella estaba sobre mí, de espaldas, ella jadeaba al lamerle el cuello y estimularle el clítoris. De repente se volteó y se montó.
No se había quitado las medias, cosa que me excitó mucho. Las burbujas masajeaban todo el cuerpo. Era un placer muy rico. Me pone el condón y la empiezo a penetrar. Salía espuma por todos lados. Hacerlo bajo el agua es una sensación muy agradable, las burbujitas te tallan y al explotar se siente como si tuvieras micro besitos en toda la piel. Nos estuvimos dedeando y quizás por ese ambiente de aguas, se vino más rápido. Me aprensó con sus brazos y me decía:
-Dale más fuerte amor, no te vayas...
No pudo más y se vino muy rico.
Así sin descansar, me grita:
-¡Nalguéame! ¡Nalguéame fuerte! Quiero que tus manos se queden grabadas en mi culo.
-Así, más fuerte…
De repente me dice:
-Dame de perrito, quiero venirme de perrito.
Le dio otro trago a su vodka, se prendió otro cigarro y la puse a gatas. Le di otras nalgadas.
-Te tengo una sorpresa. Escupe mi ojete y dame por el culito.
Cambié de condón. Hice que me lo escupiera, metí un dedo en su centro lujurioso y me dispuse a clavarle mi tranca.
Empezó a gemir y a gritar desesperadamente, revolviendo sus manos entre el agua.
-Así, mételo, mételo todo, papi.
-Nalguea y jala mi cabello fuerte.
Había mucho golpeteo del agua.
-¿Sientes que te cagas amor, lo sientes, rico?
-Sí, siento que todo me explota muy rico.
Y abrió más la cavidad. Sentía el roce de su zona cavernosa. Había mucha espuma alrededor. Se sentía muy caliente y la presión era deliciosamente indescriptible.
-Dame más duro.
Así lo hice, vi que empezó a contraerse, cerró los ojos y sentí que dejó de apretarme y su mirada quedó desorbitada.
Sentí que nos íbamos a resbalar y nos pusimos de nuevo de frente.
Entonces me quita el globo, empezó a chupar y a mamar el miembro.
Se echaba tragos de vodka solo y me los escupía en la boca y en el miembro de manera descontrolada. Así me masturbaba y ponía su cara perversa.
-Así amor, así dame toda tu leche...
Sentía las burbujitas en mis amigos. Ella cerraba los ojos implorando mis fluidos. No pude más y me vine en su cara.
Dios... Ahhhhh... Senti que las luces se apagaron por unos instantes.
Ella lo recibió todo. En la esquina del jacuzzi la Cámara filmaba tan candente escena.
Estaba exhausto. Nos volvimos a acostar en el jacuzzi y estuvimos un rato abrazados, terminando nuestro licor.
-Eres un amante sensacional, me haces venir rico. Me encanta embriagarme contigo y hacer ricas fechorías.
Nos secamos. Volvimos a la cama. Ella se puso los tacones y me masajeaba con ellos. Afortunadamente ya estaban limpios.
Nos besamos como dos enamorados, nos acariciábamos. Nuestros semblantes dejaban ese rojo pasión para calmar nuestros alientos.
Sentía mis bolas muy rosadas, la sensación era muy agradable. Me sentía un poco ebrio pero era muy rico el ligero mareo. Era una atmosfera tan feliz. Nadie decía una palabra.
Tan solo nos disfrutábamos más relajadamente.
Entonces ella se incorporó y volvió a la ducha. Sabía que ya tenía que verla partir. Le ayudé a acomodar las prendas. Puse sus tacones en la caja. Se terminó de vestir.
-Tengo que irme amor, estuvo muy rico.
Nos dimos muchos besos, muchos abrazos. Le acaricié sus ricas nalgas. Le doy la aportación pactada. Se despide y bajo a dejarla en su transporte. La veo partir y siento esa nostalgia después de tener un subidón de emociones.
No podría dejar de verla. Con ella siento el nerviosismo de la primera vez, la emoción de ese primer día que contratas por sexo, el éxtasis de enamorarte de tu primera dama de compañía, la lujuria que te da una mujer complaciente, salvaje en la intimidad y la confianza de la amante que conoces de mucho tiempo.
Con ella no necesito huir de la habitación. Ya no me da miedo ese cerrar de la puerta y su inminente partida.
Si no se queda a dormir, celebro entre la oscuridad lo que pasó y me quedo embriagado del licor que sobró, con el perfume y su esencia de mujer que queda en el aire, en los sillones, en la tina de hidromasaje, en las sabanas, en el rico aroma de sus medias que me regala con sus jugos, en mi entre pierna y labios. Mi ansiolítico temporal son las imágenes que se quedan en mi mente y en una memoria que, aunque inerte, guarda y revivirá mucho de lo ocurrido en los siguientes días hasta volverla a ver. Como una vez dijeron en un club nocturno: “Todo es realidad entre la oscuridad, pero al encender las luces, todo parece una quimera”.
Aun así, ya no es un adiós absoluto, no es siempre la tristeza post coito, no es necesario cerrar ciclos con ella, es solamente esperar a volver a vernos, transformarnos y darle gusto a los sentidos, desbordando nuestras pasiones.
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Post Coitum Tristitia
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