Todos tenemos gustos diferentes (General)
El nombre del lugar no lo recuerdo, sólo recuerdo la calle de Amores y que estaba como en un estacionamiento. Y cuando este hombre entró, yo estaba bien nerviosa, ya que yo no habÃa estado con otro hombre que bo fuera mi marido, al menos desque que nos casamos. Le pregunté su nombre para romper el hielo, le quité la toalla que no le alcanzaba a dar la vuelta a esa cintura tan grande, y descubrà lo que era el pene más chico y gordo que jamás habÃa visto, me dió tanto morbo ver la verga de un hombre tan poco atractivo y que además habÃa pagado, que me calenté muchÃsimo. Sus testÃculos eran enormes, recuerdo haberme sentado en una silla que estaba en una esquina, cuando comencé a chupársela, era una sensación rara, recuerdo mucho el olor, no era feo, era de hombre, no sé explicarlo. El pobre hombre temblaba de nervios y excitación, yo le pedà que no se fuera a venir rápido. Después él me levantó, y sentà esas manos toscas y rudas tocando mis senos, luego mu cintura, me cargó y sentó sobre la mesa de masajes, abrió mis piernas y me comenzó a lamer (lamer es la palabra, el pobre hombre estaba tan excitado que querÃa comerme) Cuando se ponÃa el condón, noté como su pequeña verga ya goteaba de la excitación. Cuando se subió en mà y me penetró, yo sentà una especie de gozo que nunca habÃa experimentado, no sé si serÃan los gemidos provenientes de la otra habitación y que sabÃa que eran de mi esposo y la jovencita a la que se estaba cogiendo, o si serÃa el hecho de que el hombre menos agraciado que yo habÃa conocido me cogÃa con mucho morbo, y además yo le habÃa pagado, el hecho es que me vine tan rico, que tuve que ponerme en la boca una toallita que estaba debajo de mi cabeza y que cubrÃa la almohadilla del orificio que las mesas de masajes tienen para meter la cara. No duró mucho más tiempo Don Fili, sólo me alcanzó a voltear de perrito, me dió unos cinco minutos más y se vino, todavÃa recuerdo que esas enormes manos temblaban sujetando mi cintura cuando el se estaba viniendo. Me vestà sin bañarme y me quedé en la sala de espera un rato, habÃa dos chicas y Don Fili, mi esposo tardó en salir todavÃa como media hora más. DecÃan las chicas que él pagaba por hora y media de "masaje". Cuando salió, las chicas hicieron un gran esfuerzo por no reir, se miraban una a la otra y Don Fili se escondió tras su periódico. Mi marido nunca se enteró, y yo me quedé con ganas de tener más experiencias, mismas que les contaré en otras aportaciones.
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