Que morbo en verdad ah ocasionado en mi (General)
que barbaridad que curiosidad a despertado en mi el saber y conocer que es lo que siente una dama al contratar el servicio pero al igual que Vero me gustaria saber mas a detalle lo que le gustaria o le gusta que le hagan jejej digo para aprender como degustar de una mujer y que ella asi lo disfrute temabien es raro pero siempre eh querido aunque pagando y todo las chicas queden bien servidas y le recuerden a uno.
bueno seguire leyendo con atencion lo que aqui comente usted.
» El nombre del lugar no lo recuerdo, sólo recuerdo la calle de Amores y que
» estaba como en un estacionamiento. Y cuando este hombre entró, yo estaba
» bien nerviosa, ya que yo no habÃa estado con otro hombre que bo fuera mi
» marido, al menos desque que nos casamos. Le pregunté su nombre para romper
» el hielo, le quité la toalla que no le alcanzaba a dar la vuelta a esa
» cintura tan grande, y descubrà lo que era el pene más chico y gordo que
» jamás habÃa visto, me dió tanto morbo ver la verga de un hombre tan poco
» atractivo y que además habÃa pagado, que me calenté muchÃsimo. Sus
» testÃculos eran enormes, recuerdo haberme sentado en una silla que estaba
» en una esquina, cuando comencé a chupársela, era una sensación rara,
» recuerdo mucho el olor, no era feo, era de hombre, no sé explicarlo. El
» pobre hombre temblaba de nervios y excitación, yo le pedà que no se fuera a
» venir rápido. Después él me levantó, y sentà esas manos toscas y rudas
» tocando mis senos, luego mu cintura, me cargó y sentó sobre la mesa de
» masajes, abrió mis piernas y me comenzó a lamer (lamer es la palabra, el
» pobre hombre estaba tan excitado que querÃa comerme) Cuando se ponÃa el
» condón, noté como su pequeña verga ya goteaba de la excitación. Cuando se
» subió en mà y me penetró, yo sentà una especie de gozo que nunca habÃa
» experimentado, no sé si serÃan los gemidos provenientes de la otra
» habitación y que sabÃa que eran de mi esposo y la jovencita a la que se
» estaba cogiendo, o si serÃa el hecho de que el hombre menos agraciado que
» yo habÃa conocido me cogÃa con mucho morbo, y además yo le habÃa pagado, el
» hecho es que me vine tan rico, que tuve que ponerme en la boca una toallita
» que estaba debajo de mi cabeza y que cubrÃa la almohadilla del orificio que
» las mesas de masajes tienen para meter la cara. No duró mucho más tiempo
» Don Fili, sólo me alcanzó a voltear de perrito, me dió unos cinco minutos
» más y se vino, todavÃa recuerdo que esas enormes manos temblaban sujetando
» mi cintura cuando el se estaba viniendo. Me vestà sin bañarme y me quedé en
» la sala de espera un rato, habÃa dos chicas y Don Fili, mi esposo tardó en
» salir todavÃa como media hora más. DecÃan las chicas que él pagaba por hora
» y media de "masaje". Cuando salió, las chicas hicieron un gran esfuerzo por
» no reir, se miraban una a la otra y Don Fili se escondió tras su periódico.
» Mi marido nunca se enteró, y yo me quedé con ganas de tener más
» experiencias, mismas que les contaré en otras aportaciones.
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